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miércoles, 24 de diciembre de 2025

ACONTECIÓ EN CUBA

Solo en Cuba, a lo largo de ciertos tramos de carretera, pueden avistarse unas flores caribeñas. No brotan de la tierra fértil, sino del asfalto ardiente, de la cruda necesidad. Son mujeres, dispuestas a satisfacer los anhelos de escuderos y caballeros andantes, quienes las buscan en sus ruidosos vehículos de alquiler. Con divisa extranjera, compran un amor adulterado, efímero, sin arraigo. A estas efímeras flores del arcén se las conoce como jineteras. ¡Pero ten cuidado, puedes caer rendido a sus encantos!"

Antonio Valcárcel
Esctitor-poeta

martes, 16 de diciembre de 2025

Yo, Y LA JINETERA

YO, Y LA JINETERA

La tierra que se abre: memoria, sueño y cimiento
Tenía entre doce y quince años cuando aquel sueño comenzó a repetirse. Yo corría. No caminaba: corría. Y, a medida que mis pies golpeaban el suelo, la tierra se levantaba, se abría, y de ella emergían los muertos. No tenían nombre ni rostro preciso, pero su presencia era inequívoca. El terror era tan intenso que siempre despertaba antes de poder detenerme.
Durante años pensé que aquel sueño era solo eso: una imagen infantil, una pesadilla sin más. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que no había desaparecido; simplemente había quedado en suspenso, aguardando una forma.
Muchos años después, cuando comencé a investigar mi genealogía familiar, el sueño regresó, pero transformado. Ya no corría. Me sentaba durante horas ante libros parroquiales, actas amarillentas, nombres escritos con tinta antigua. Y lo que antes me producía terror empezó a darme paz. Encontrar un nombre, un apellido, una fecha, era como devolver consistencia a algo que había permanecido flotando en la nada. Aquello que emergía sin forma en el sueño ahora encontraba lugar.
Recuerdo con especial claridad una visita a la iglesia de San Pedro de Gabín. Llevaba conmigo un permiso del obispado que me autorizaba a consultar los libros y extraer información para mi árbol familiar. El sacerdote, Juan Conde Conde —recuerdo bien sus dos apellidos—, me acompañó hasta el templo y abrió la puerta. Dentro, las losas de piedra eran grandes, profundas, pesadas. Observándolas, le dije que, según los datos que había podido contrastar, en alguna de aquellas losas próximas al altar mayor reposaba mi tercer abuelo. El sacerdote me respondió que no tenía constancia, pues llevaba pocos años destinado allí, pero que probablemente tuviera razón.
Salimos al exterior para recorrer el perímetro de la iglesia. Aquello había sido un antiguo cementerio. Las tumbas estaban deterioradas, descuidadas, y el suelo, al pisarlo, cedía ligeramente y chirriaba. Entonces, de manera casi instintiva, empujé la tierra con el pie derecho, como quien golpea suavemente un balón. De inmediato salieron fragmentos de hueso.
Sentí una corriente que me recorrió desde el suelo hasta la cabeza, como una descarga silenciosa. No fue miedo. Fue conciencia. En el sueño, los muertos se levantaban al paso de mi carrera; allí, en Gabín, era yo quien estaba de pie sobre ellos. Ya no emergían para perseguirme. Eran ellos quienes sostenían el suelo que pisaba.
Aquel episodio se enlazó más tarde con una conversación mantenida en La Habana. Un familiar me habló de seis pastillas de jabón enterradas en el cementerio judío, objetos asociados simbólicamente al Holocausto, sepultados porque no había cuerpos que enterrar. No importaba tanto la certeza material como el gesto humano: dar sepultura a lo que había sido despojado incluso de la condición de cuerpo.
Comprendí entonces que el hilo que atravesaba el sueño, la genealogía, Gabín y La Habana no era la muerte, sino la fragilidad de lo humano. Lo efímeros que somos y, al mismo tiempo, la necesidad profunda de cimentar esa fragilidad, de darle base, peso y continuidad. No para glorificar el pasado, sino para que lo humano no se disuelva sin dejar rastro.
El sueño no anunciaba un destino. Revelaba una tarea. Donde antes había tierra que se abría y terror, hoy hay nombres, lugares y memoria. Ya no corro. Camino. Y, al hacerlo, la tierra no se levanta: sostiene.

Autor: Antonio Valcárcel Domínguez

domingo, 14 de diciembre de 2025

SANTUARIO DE SANTA MARIA LA REAL PEDRAFITA DO CEBREIRO.

PEDRAFITA DO CEBREIRO: un privilegio colectivo de servicio en el Camino de Santiago
El Milagro del Cebreiro y su comparación con los solares de Valdeosera y Tejada

El Milagro Eucarístico del Cebreiro, acontecido en la iglesia de Santa María do Cebreiro, constituye uno de los episodios religiosos más significativos de la Galicia medieval y del propio Camino de Santiago. Según la tradición, durante la celebración de la misa se produjo la transmutación de la hostia y del vino en carne y sangre de Cristo, hecho presenciado por un peregrino que, pese a la dureza del invierno, acudió al templo.
La difusión del milagro se extendió rápidamente de boca en boca a lo largo del Camino de Santiago, convirtiendo al Cebreiro en un centro espiritual de primer orden. Su importancia llegó también a la Corte, y los Reyes Católicos, en particular Isabel I de Castilla, reconocieron el valor religioso y estratégico del lugar, confirmando la protección del santuario y de las personas que garantizaban su funcionamiento.
Los habitantes de Pedrafita do Cebreiro asumieron durante siglos una función esencial: mantener abierto el paso durante todo el año, limpiar la nieve en los meses más duros, auxiliar a peregrinos pobres, enfermos o extraviados y colaborar con el hospital y con el culto. Esta labor no era ocasional ni voluntaria, sino permanente y obligatoria, realizada en beneficio del Reino y de la Cristiandad.
Como consecuencia de este servicio continuado, la población gozó de exenciones fiscales y de un estatus jurídico diferenciado, reconocido por la Corona. No se trataba de una hidalguía individual ni universal, sino de un privilegio colectivo y territorial, ligado directamente al ejercicio de una función fundacional.
Desde una perspectiva jurídica e histórica, este régimen recuerda, por su espíritu, a los diviseros hijosdalgo de solares colectivos como Valdeosera o el Solar de Tejada, en La Rioja. En estos casos, el privilegio se basaba en la antigüedad del solar y en la herencia por sangre; en el Cebreiro, por el contrario, el derecho diferenciador se fundamentaba en el servicio continuo a la comunidad y al Camino de Santiago.
Pedrafita do Cebreiro puede definirse así como una auténtica comunidad de nobleza de servicio, no sustentada en el linaje, sino en la hospitalidad, el sacrificio y la continuidad de una misión esencial para la movilidad, la espiritualidad y la cohesión de la Europa medieval.
Este modelo, excepcional en Galicia, explica la pervivencia de la memoria histórica del Cebreiro y el reconocimiento institucional que sus habitantes recibieron a lo largo de los siglos, situando este enclave no solo como un lugar de devoción, sino también como un ejemplo singular de organización social y jurídica del Antiguo Régimen.

Autor: Antonio Valcárcel Domínguez

jueves, 11 de diciembre de 2025

FORTALEZA DE LA GRANJA Benedictino de San Pedro de Gabín, Ourense.

Antigua granja de Vilanova de San Pedro de Gabín, perteneciente al monasterio benedictino de Montederramo. En su origen fue una fortaleza completa: muros gruesos, torreones y una estructura claramente defensiva.
Las reformas realizadas hace apenas 50, 60 o 70 años modificaron parcialmente su apariencia medieval, pero la configuración original era la de una auténtica fortificación monástica destinada a proteger cosechas, bienes y ganado en tiempos inseguros.

De esta casa-granja procede una figura histórica destacada: el jesuita y farmacéutico Dionisio Benito Mojón Domínguez (también conocido como Benito Mojón Domínguez) El Espasa- Calpe Indica é Nacio En Villarejo de Fuentes, se trata de falsedad documental en acta de bautismo. Fu expulsado en tiempos de Carlos III junto a la Compañía de Jesús. Gran erudito de la farmacología, fue profesor en la Universidad de Génova y autor de un importante tratado sobre plantas medicinales: ydonde publicó su obra Pharmacopeia Manualis Reformata, un tratado de referencia sobre plantas medicinales y sus aplicaciones farmacológicas. 
De este lugar también proceden muchos de mis ancestros gallegos: los Castro, Valcarce, Domínguez, Yáñez, Fernández, Gómez, MOJÓN, Cardoso, Fessmosa, Alessandri… Familias profundamente arraigadas en esta tierra y en la historia viva de Galicia.

Antonio Valcárcel
Investigador Genealogista BNE. 

sábado, 1 de noviembre de 2025

EL SANTO GRIAL DE O CEBREIRO, LUGO.

La virtud y la esperanza
Aún no he encontrado el Santo Grial.
Dicen que en O Cebreiro (Lugo) es el lugar donde se encuentra.
Lo he mirado y he visto un objeto que ni siquiera me ha magnetizado, ni por su versión ni por su antigüedad.
En las cosas sencillas está la virtud.

Un hombre bueno que busca la justicia, al cual los recuerdos del pasado retoñan en esperanza; y en otras ocasiones son malogrados por el granizo.
Un hombre que anhela una buena mujer para acabar sus días de luz y oscuridad, aferrado a una mano de mujer: cuna del ser, para cruzar el río y pagar al barquero con moneda de plata.
Quiero pasar por este mundo con las alforjas llenas y vaciarlas en dádivas para saciar al menesteroso.

Creo que ya he encontrado esa mano femenina que cerrará mis párpados el día en que deje de respirar el oxígeno vital.
Pero ella aún no es consciente de que yo soy ese hombre.
Me obligo a seguir buscando, al igual que los buscadores de oro del Oeste americano.
Acabaré con las suelas de las botas desgastadas, anhelando esperanza.

Gran virtud, la esperanza.
Antonio Valcárcel

viernes, 19 de septiembre de 2025

¡Guita ETA!

¡Guita ETA! 

Guita era una perra pastor alemán adiestrado con sus documentación en La Guardia civil con un número operativo. 

En mis años destinado en el polvorín de Zaragoza, en la zona del Burgo de Ebro, la sombra de ETA estaba siempre presente. Aquel era un lugar sensible: toneladas de explosivos de todo tipo descansaban en los almacenes, y todos sabíamos que, de caer en manos equivocadas, el desastre sería incalculable.

Yo trabajaba codo con codo con la Guardia Civil. Ellos, siempre en alerta, vivían el día a día con una disciplina férrea y una normativa rigurosa. Entre los compañeros de servicio había uno muy especial: Gita, una perra pastor alemán adiestrada en detección de explosivos. Tenía incluso su número operativo, como un agente más.

Rafael, su adiestrador y guardia civil especialista, solía bromear llamándola “Guita ETA” señalandome ya que soy Vasco. Guita mordía mis botas militares con verdadera rabia, y juro que llegaba a perforarme con sus colmillos la suela de mis botas. Y era pronunciar esas palabras y la perra se transformaba: corría inquieta, olfateaba cada rincón, se lanzaba hacia los almacenes como si supiera que allí estaba el peligro. La inteligencia de aquel animal era asombrosa; parecía entenderlo todo, como si llevara dentro el instinto de protegernos.

Yo era joven entonces. Mi hijo apenas tenía un año y medio, y más de una vez, al terminar la jornada, pensaba en los riesgos. No solo el de un ataque terrorista, sino también los accidentes fortuitos: una chispa, un fallo humano, un imprevisto podía bastar para que todo volara por los aires.

Por eso, cada vez que entraban los camiones, la atención era máxima. Obligábamos a colocarles apagachispas en los tubos de escape. Una simple chispa al arrancar podía convertir aquella rutina en un infierno. La tensión era parte de nuestro pan de cada día.

Mirando atrás, me impresiona recordar cómo la juventud me daba cierta inconsciencia: vivía con precaución, sí, pero también con esa ligereza de los veinte y tantos. Hoy lo veo distinto: aquel trabajo no solo era arriesgado, era también un ejercicio de confianza. Confiábamos en los protocolos, en los compañeros… y en Gita, la perra que parecía tener más olfato e intuición que muchos humanos.

Antonio Valcárcel

domingo, 14 de septiembre de 2025

En el Museo del Che Guevara en Santa Clara.

Junia me hablaba en voz baja, casi con rabia contenida, de aquel paraíso escondido en Holguín.—Cayo Saetía —decía—, eso era de ellos, de los de arriba. Allí tenían cebras y búfalos traídos de África, Antonio, ¿te lo imaginas? Mientras nosotros hacíamos colas de tres horas para conseguir un pan duro, ellos cazaban animales exóticos en su propio safari caribeño. Era el paraíso de los Castro, y nosotros ni podíamos mirarlo de lejos.La escuché en silencio, y al cabo de un rato le respondí:—Junia, al final me temo que Ernesto Che Guevara fue un idealista hasta el último aliento. Murió en Bolivia tratando de hacer apostolado de su fe política, como un mártir de sus propias ideas. Cayó en La Higuera, rodeado, sin más defensa que su convicción. Y, fíjate, incluso hoy hay bolivianos que acuden allí a venerarlo, como si fuera un santo laico.Junia me miró con una mezcla de ironía y ternura.—Quizá fue sincero, Antonio, pero no todos aquí vivieron esa sinceridad. El Che murió en la sierra, sí, con sus sueños intactos. Pero los que se quedaron, los que heredaron el poder, hicieron su propio Cayo Saetía. Eso no es idealismo, eso es privilegio.

Conversación con Yadira
Hablando con Yadira sobre el Che Guevara, le comentaba si realmente había sido el ideólogo y apóstol —entre comillas— de la verdad de la Revolución. Le recordé que, después de Cuba, el Che buscó extender su apostolado político en Bolivia y en algunos países de África, llevando consigo su idea de un pseudo-comunismo revolucionario.

Entonces le dije:
—Mira, Yadira, yo en el País Vasco he tenido que vivir con escolta. Salir a la calle con dos escoltas, un vehículo asignado y hasta un inhibidor de explosivos. Vivir allí era como vivir en el Ulster de Irlanda del Norte, o incluso peor. Allí se señala a la gente políticamente, se la marca como en una diana, y muchas veces terminan intentando matarla. Y desgraciadamente, en demasiadas ocasiones lo consiguen.

Recuerdo una vez, uno de mis escoltas, Gustavo, un buen muchacho pero nervioso, iba muy obsesionado con hacer bien su trabajo. Una furgoneta nos adelantó bruscamente y casi nos echó a la cuneta. Gustavo pensó que era un atentado. Paró el coche, gritó a su compañero “¡para, para!”, y sacó el arma. Tuve que decirle:
—Por favor, Gustavo, no dispares, déjalo estar.

Se volvió a meter en el coche, abatido, y me dijo:
—Ya estoy harto. No se puede vivir así, con esta persecución.

Yo, que conocía algo de psicología, vi que Gustavo ya estaba tocado. Mostraba un estrés enorme, casi postraumático, con ansiedad, y sé que tomaba ansiolíticos. Sin embargo, nunca quise dar parte para que lo recusaran. Sabía que era un gran profesional y, sobre todo, una buena persona.

Y terminé diciéndole a Yadira:
—Al final, en todos los sitios cuecen habas. En unos lugares lo llaman comunismo, en otros democracia; pero en ambos existen sectores que pueden volverse terroríficos, que practican la violencia para imponer sus ideas. Y eso sí puede ser un genocidio: señalar a quien no comparte un ideario político, nacer de ideologías nacionalistas con bases xenófobas y racistas, y perseguir hasta la muerte a los diferentes.


jueves, 11 de septiembre de 2025

LA VEIGA DE SAS DO MONTE, OURENSE.

Dossier histórico-genealógico: La Veiga de Sás do Monte y el linaje Guadalupe
1. Contexto geográfico e histórico
La Veiga de Sás do Monte, hoy en Montederramo (Ourense), perteneció anteriormente a la jurisdicción de Castro Caldelas. Castro Caldelas contó con una judería activa en los siglos XIV y XV, de la cual surgieron personalidades notables como los hermanos Juan y Antonio de Guadalupe, médicos de prestigio. Juan de Guadalupe, judío practicante, fue respetado por Isabel la Católica y conservó su fe. Antonio, su hermano, probablemente se convirtió o practicó un disimulo religioso.
2. El linaje Guadalupe → Díaz
Algunas ramas descendientes de los Guadalupe derivaron en el apellido Díaz, práctica común entre familias de origen converso. En los registros de Sás do Monte aparecen conexiones con este apellido, lo que refuerza el vínculo genealógico.
3. El sacerdote y los libros ocultos
Un sacerdote descendiente de los Guadalupe fue párroco de La Veiga de Sás do Monte y de San Pedro de Sás do Monte. Este presbítero ocultó los registros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones de los siglos XVII y XVIII. A su muerte, dichos libros fueron encontrados en su ataúd, junto a sus restos, según informó el sacerdote, archivero e historiador D. Enrique Baden en el Archivo Diocesano de Ourense. Este acto refleja una decisión consciente de custodiar la memoria de su linaje y de otras familias vinculadas.
4. Implicaciones históricas
La ocultación de los registros explica las lagunas genealógicas de esa zona en el periodo señalado. Muestra estrategias de autoprotección frente a la Inquisición, pleitos de limpieza de sangre y posibles estigmatizaciones. El hecho de que fuese un sacerdote del linaje Guadalupe confirma la intención de preservar la memoria familiar y comunitaria.
5. Conexión con la investigación de Colón (SAS)
Cristóbal Colón usaba la sigla S.A.S. en sus cartas, interpretada habitualmente en clave latina (Sanctus, Sanctus, Sanctus o Servus Altissimi Salvatoris). Sin embargo, la hipótesis de leerlo como 'Shaddai–Adonai–Shaddai' cobra sentido en este contexto: la región presentaba raíces judías documentadas, personajes del linaje mantuvieron símbolos hebreos (como la menorá conservada en tu familia), y la ocultación de registros confirma la voluntad de proteger esa herencia sefardí.
Conclusión
El hallazgo de los libros parroquiales enterrados con el sacerdote de Sás do Monte forma parte de una cadena de memoria sefardí en Galicia: la judería de Castro Caldelas, el prestigio de los hermanos Guadalupe, las derivaciones genealógicas en apellidos como Díaz, la ocultación de registros como estrategia de autoprotección, y la pervivencia de símbolos hebreos en la tradición familiar. Todo ello conecta tu historia personal con un trasfondo histórico más amplio de resistencia y preservación de la memoria.

Antonio Valcárcel 
Investigador Genealogista. 

miércoles, 3 de septiembre de 2025

El Mandfulnes y el deporte

1. Introducción (5 min) Buenos días. Hoy quiero hablar de un tema que une cuerpo y mente. El esfuerzo físico… y el bienestar psicológico. Los mareos en el deporte. Quizá lo habéis sentido alguna vez. Estás en el gimnasio. Haces una serie intensa de press de banca. Levantas la barra con toda tu fuerza. Y, al terminar, el mundo se apaga por unos segundos. Mareo. Visión borrosa. Incluso sensación de desmayo. ¿Qué ocurre ahí? ¿Es falta de fuerza? ¿Es debilidad? La respuesta muchas veces es otra: una respiración mal gestionada. Y aquí entran en juego el Mindfulness y la Psicología Positiva. 2. La teoría: respiración y mareos (7 min) Cuando un deportista contiene la respiración… Se produce lo que llamamos la maniobra de Valsalva. ¿Qué pasa en ese momento? Aumenta la presión en el tórax. Llega menos sangre al corazón. Y al cerebro le falta oxígeno durante unos segundos. Resultado: mareo. Visión negra. En casos extremos, incluso desmayo. No es falta de músculo. No es mala preparación. Es falta de educación respiratoria. Muchos atletas caen en este error. Powerlifters, halterófilos, o simples aficionados al gimnasio. Todos comparten lo mismo: El cuerpo trabaja. Pero el cerebro se queda sin oxígeno. 3. Mindfulness aplicado al deporte (7 min) Aquí aparece el Mindfulness. ¿Qué es? Atención plena. Estar en el presente sin juicios. En el deporte significa sentir la respiración. Y sincronizarla con el movimiento. Inspiro cuando bajo la barra. Exhalo cuando la empujo hacia arriba. Sencillo. Pero decisivo. Ejercicio práctico. Cerrad los ojos un momento. Llevad una mano al abdomen. Inhalad por la nariz. Notad cómo se llena el diafragma. Exhalad por la boca, suavemente. Ahora imaginad ese ritmo acompañando al press de banca. Inhalo bajo la barra. Exhalo la empujo. Ese pequeño gesto evita mareos. Mejora la oxigenación. Y da seguridad. 4. Psicología Positiva y el enfoque mental (7 min) Pero no basta con respirar bien. También importa la actitud mental. Aquí entra la Psicología Positiva. La ciencia del bienestar y de las fortalezas. Un concepto clave: el flow. Ese estado de fluidez. Donde el deportista se concentra. Disfruta del esfuerzo. Y el tiempo parece detenerse. El Mindfulness abre la puerta. Y la Psicología Positiva transforma la experiencia. Pasamos de pensar “no quiero marearme”… A pensar “quiero disfrutar de este reto”. Ejemplo: un levantador que antes se frustraba. Al aprender a respirar… Ya no solo evita el mareo. Ahora disfruta del proceso. Y se siente más fuerte. 5. Integración práctica (4 min) Todo junto nos muestra una evolución clara. Un problema fisiológico: mareo por falta de oxígeno. Una solución: la respiración consciente. Una oportunidad: disfrutar más del esfuerzo con Psicología Positiva. Lo que era un riesgo… Se convierte en crecimiento. En disfrute. En aprendizaje. 6. Conclusión (2–3 min) Quiero terminar con una idea sencilla. La fuerza no está solo en los músculos. Está también en la respiración consciente. Y en la mente que sabe enfocar el reto… Con serenidad y entusiasmo. Cuando un deportista aprende a respirar… Aprende a rendir mejor. Aprende a disfrutar del esfuerzo. Y aprende también a vivir con más plenitud. Ese es el mensaje del Mindfulness y la Psicología Positiva en el deporte. Muchas gracias. ⏱️ Duración Introducción: 5 min Teoría: 7 min Mindfulness: 7 min Psicología Positiva: 7 min Integración: 4 min Cierre: 2–3 min Total: 1. Introducción (5 min) Buenos días. Hoy quiero hablar de un tema que une cuerpo y mente. El esfuerzo físico… y el bienestar psicológico. Los mareos en el deporte. Quizá lo habéis sentido alguna vez. Estás en el gimnasio. Haces una serie intensa de press de banca. Levantas la barra con toda tu fuerza. Y, al terminar, el mundo se apaga por unos segundos. Mareo. Visión borrosa. Incluso sensación de desmayo. ¿Qué ocurre ahí? ¿Es falta de fuerza? ¿Es debilidad? La respuesta muchas veces es otra: una respiración mal gestionada. Y aquí entran en juego el Mindfulness y la Psicología Positiva. 2. La teoría: respiración y mareos (7 min) Cuando un deportista contiene la respiración… Se produce lo que llamamos la maniobra de Valsalva. ¿Qué pasa en ese momento? Aumenta la presión en el tórax. Llega menos sangre al corazón. Y al cerebro le falta oxígeno durante unos segundos. Resultado: mareo. Visión negra. En casos extremos, incluso desmayo. No es falta de músculo. No es mala preparación. Es falta de educación respiratoria. Muchos atletas caen en este error. Powerlifters, halterófilos, o simples aficionados al gimnasio. Todos comparten lo mismo: El cuerpo trabaja. Pero el cerebro se queda sin oxígeno. 3. Mindfulness aplicado al deporte (7 min) Aquí aparece el Mindfulness. ¿Qué es? Atención plena. Estar en el presente sin juicios. En el deporte significa sentir la respiración. Y sincronizarla con el movimiento. Inspiro cuando bajo la barra. Exhalo cuando la empujo hacia arriba. Sencillo. Pero decisivo. Ejercicio práctico. Cerrad los ojos un momento. Llevad una mano al abdomen. Inhalad por la nariz. Notad cómo se llena el diafragma. Exhalad por la boca, suavemente. Ahora imaginad ese ritmo acompañando al press de banca. Inhalo bajo la barra. Exhalo la empujo. Ese pequeño gesto evita mareos. Mejora la oxigenación. Y da seguridad. 4. Psicología Positiva y el enfoque mental (7 min) Pero no basta con respirar bien. También importa la actitud mental. Aquí entra la Psicología Positiva. La ciencia del bienestar y de las fortalezas. Un concepto clave: el flow. Ese estado de fluidez. Donde el deportista se concentra. Disfruta del esfuerzo. Y el tiempo parece detenerse. El Mindfulness abre la puerta. Y la Psicología Positiva transforma la experiencia. Pasamos de pensar “no quiero marearme”… A pensar “quiero disfrutar de este reto”. Ejemplo: un levantador que antes se frustraba. Al aprender a respirar… Ya no solo evita el mareo. Ahora disfruta del proceso. Y se siente más fuerte. 5. Integración práctica (4 min) Todo junto nos muestra una evolución clara. Un problema fisiológico: mareo por falta de oxígeno. Una solución: la respiración consciente. Una oportunidad: disfrutar más del esfuerzo con Psicología Positiva. Lo que era un riesgo… Se convierte en crecimiento. En disfrute. En aprendizaje. 6. Conclusión (2–3 min) Quiero terminar con una idea sencilla. La fuerza no está solo en los músculos. Está también en la respiración consciente. Y en la mente que sabe enfocar el reto… Con serenidad y entusiasmo. Cuando un deportista aprende a respirar… Aprende a rendir mejor. Aprende a disfrutar del esfuerzo. Y aprende también a vivir con más plenitud. Ese es el mensaje del Mindfulness y la Psicología Positiva en el deporte. Muchas gracias. ⏱️ Duración Introducción: 5 min Teoría: 7 min Mindfulness: 7 min Psicología Positiva: 7 min Integración: 4 min Cierre: 2–3 min Total: 30 Trabajo TFC EXPERTO EN MINDFULNESS Y PSICOLOGÍA POSITIVA APLICADA

miércoles, 28 de mayo de 2025

Reconstrución do liñaxe materno de Antonio Valcárcel Domínguez (Haplogrupo U5b1)🔹 Haplogrupo mitocondrial: U5b1Tipo de herdanza: Materna (ADN mitocondrial, herdado só pola nai)Antigüidade: 25.000 – 35.000 anosOrixe xeográfica: Europa occidental (probablemente refuxios paleolíticos na península ibérica durante a última glaciación)---🗺️ Itinerario ancestral🔸 Paleolítico Superior (~30.000 anos atrás)Os teus antepasados maternos pertencían a pequenos grupos de cazadores-recolectores que habitaron Europa antes do fin da última glaciación. O haplogrupo U5 é un dos máis antigos identificados en restos humanos europeos.Restos con U5b1 atopáronse en:La Braña-Arintero (León, ~7.000 anos), nun home mesolítico.Covas asturianas e cantábricas.🔸 Mesolítico (~10.000 a.C.)Co retroceso dos glaciares, os teus antepasados permaneceron en zonas boscosas do norte da Península. A súa vida baseábase na caza, pesca e recolección, con patróns de asentamento estacionais.Regións provables:Galicia interior (Os Ancares, O Courel)BierzoNorte de Portugal🔸 Neolítico (~5.000 a.C.)A pesar da chegada de agricultores desde o Oriente Próximo, o linaxe U5b1 sobreviviu en áreas apartadas. Os teus antepasados probablemente mesturáronse parcialmente, pero conservaron a súa liña materna paleolítica.

sábado, 3 de mayo de 2025

CIR 8 RABASSA, ALICANTE.

 "Memorias desde el CIR nº 8 de Rabassa (Alicante)"


A lo largo de los años, casi medio millón de jóvenes pasaron por el Centro de Instrucción de Reclutas nº 8 de Rabassa, Alicante, con sus historias, esperanzas y miedos. Para muchos, el cuartel fue un lugar de disciplina y formación, pero para mí fue también un espacio donde adquirí conocimientos técnicos que marcaron mi vida.


En los años en que estuve allí, el CIR 8 cumplía la función de centro de instrucción de reclutas, pero con el tiempo se transformó en un acuartelamiento especial de unidades especiales del Ejército Español, dedicado a operaciones y misiones de intervención de alto nivel. A mi llegada al CIR 8, tras completar la instrucción básica y jugar bandera, fui seleccionado para formar parte del servicio de mantenimiento de cocina. Mi formación técnica como técnico BP (técnico de banco de pruebas) me llevó a un puesto en el cual me encargaba del mantenimiento de sistemas de butano y propano, algo que inicialmente parecía alejado de mi vocación, pero que terminó por darme una valiosa experiencia. Reparar termopares, electroimanes, quemadores y gestionar todo tipo de temas eléctricos era parte de mi día a día, y tuve que aprender a mantener las instalaciones limpias y pintadas, y a cuidar todos los aspectos de la infraestructura que permitían que los cocineros y soldados tuvieran lo necesario para sus labores diarias.


Ese trabajo, aunque diferente al servicio tradicional de armas, implicaba responsabilidad y atención. Estaba encargado también del alumbrado e interruptores, y era una parte fundamental en el mantenimiento de la vida diaria del cuartel. A través de ese servicio, gané la propuesta para cabo, aunque el teniente Lloret, al ver que estábamos exentos del servicio de armas, argumentó que no tendría derecho a realizar el curso de cabo. En su momento, respondí con franqueza: "Para eso me hubiese quedado en casa". Fue una experiencia que, aunque al principio no entendí del todo, me enseñó mucho sobre la importancia de los roles técnicos en un entorno militar.


En el CIR 8, las tensiones a veces se aliviaban con pequeños gestos de humanidad. Recuerdo que estuve a punto de ser arrestado por dar comida a mis compañeros, especialmente a los que venían de Bilbao, de mi zona. La escasez de recursos y la disciplina estricta hicieron que cualquier desvío de las reglas fuera visto con severidad. Pero para mí, compartir lo poco que teníamos con aquellos que venían de lugares lejanos, especialmente con los que compartían mi tierra, era un acto de solidaridad y apoyo. Mi gesto fue malinterpretado y casi me costó el arresto, pero afortunadamente, la amistad que tenía con la hija del coronel del CIR fue lo que me salvó de una sanción más grave. Gracias a esa relación, no me penaron militarmente.


A pesar de las dificultades y diferencias con las condiciones de otros compañeros, mi trabajo técnico me dio una perspectiva distinta. Los reclutas canarios, quienes provenían de un clima cálido y estable, a menudo no lograban adaptarse al estrés físico y emocional del cuartel, y muchos sufrieron las consecuencias de un cambio tan drástico. También los soldados transgéneros, en una época de incomprensión, tuvieron dificultades enormes al no ser reconocidos como aptos para el servicio. Muchos de ellos ya tenían cambios físicos significativos por la hormonación, pero no estaban preparados para las realidades de un ejército rígido, y algunos, lamentablemente, no lograron resistir las presiones del sistema.


Además, esa España de 1978 fue testigo de una gran trasumancia de soldados. Los destinos variaban constantemente y la adaptación al frío extremo de lugares como León o Ponferrada se sumaba a las tensiones que vivían muchos reclutas. En esos destinos, algunos soldados no soportaron las bajas temperaturas y sufrieron muertes por congelamiento. Otros, más vulnerables psicológicamente, optaron por el suicidio.


Una de las etapas más críticas para el CIR 8 fue durante el conflicto del Peñón de Perejil en 2002, cuando Marruecos intentó tomar la isla del Peñón. En esa ocasión, el CIR 8 de Rabassa dejó de ser un centro de instrucción de reclutas y actuó como un acuartelamiento especial para unidades de intervención. Fue en este contexto cuando se movilizaron las unidades especiales del Ejército Español, preparadas para intervenir de manera efectiva en defensa de la soberanía española. Aunque la situación no escaló a un conflicto abierto, el personal del CIR 8 jugó un papel fundamental en las operaciones y demostraron su capacidad de respuesta ante situaciones de alta presión.


Hoy, en cambio, las cosas han cambiado. Los soldados transgéneros tienen un reconocimiento justo y son tratados con dignidad, y los desafíos psicológicos a los que muchos de nosotros nos enfrentamos están siendo comprendidos y atendidos de manera más humana.


Mi experiencia en el CIR 8 Rabassa fue una mezcla de formación técnica, responsabilidad y reflexión sobre la difícil realidad de muchos soldados. Y aunque las condiciones de aquellos años eran muy diferentes, la resiliencia y el aprendizaje que adquirí allí han sido claves en mi vida

miércoles, 30 de abril de 2025

La última druida de O Courel, Lugo.

 El Cantar de los Ancestros


I. La Piedra de Meizarán


Antes de las palabras escritas, cuando los árboles eran más sabios que los hombres, en las montañas de O Courel, donde el rocío se enreda con los robles, vivía una mujer que no necesitaba libros para recordar. Su nombre era Elisarda Xata, y fue la primera del linaje que llevaría, siglos después, el don de la palabra profunda: los Cela.


Nacida en Meizarán, hija de la niebla y del granito, Elisarda escuchaba la tierra cuando dormía. Las viejas decían que tenía los ojos de las corzas y el oído del lobo. Hablaba con el viento en noches de luna nueva y recogía los nombres de las plantas como si fueran oraciones. Curaba con brebajes, soñaba en voz alta y guardaba secretos en una piedra escondida en el monte, a la que solo ella sabía llegar.


Los niños la temían y la buscaban a partes iguales. Las mujeres le pedían ayuda para parir y los hombres le llevaban pan de centeno con respeto. No era bruja ni santa: era veleda, mujer sabia, última heredera de una línea de druidas que el tiempo quiso borrar, pero que ella mantuvo viva en susurros, en gestos, en silencios.


II. El Viajero de la Mariña


Cierta noche, un hombre llegó desde la costa norte, con la ropa rota por los caminos y una lira a la espalda. Era Xan Cela, trovador errante, con más canciones que dientes. Dicen que soñó con una mujer que tejía palabras con hilos de luz, y al despertar siguió al cuco hasta Meizarán.


Allí vio a Elisarda sentada en la piedra. Ella no habló. Él no preguntó. Durante tres días compartieron sueños, raíces hervidas y cantos de grillos. Cuando partió, dejó algo más que un recuerdo: dejó una semilla de palabra encendida. De esa unión nacería una estirpe de poetas, sabios y rebeldes. Una sangre que sabría hablar cuando otros callaban.


III. La Promesa del Silencio


Antes de morir, Elisarda reunió a sus nietos en círculo y les habló de las piedras que recuerdan, de los árboles que guardan nombres, de las aguas que escuchan. Les dijo que quien olvidara el monte perdería su alma, que quien oyera la llamada del viento debía responder.


"No dejéis que el apellido se oxide", dijo. "Xato no es un nombre, es una promesa. Una promesa de mirar con ojos antiguos, de decir la verdad aunque tiemble la voz."


Su cuerpo fue enterrado junto al regato. Pero su espíritu camina aún por las nieblas de O Courel, en la voz de quienes no temen a la memoria.


Y cada vez que un descendiente suyo escribe, cura o canta, Elisarda Xata sonríe entre las hojas.


IV. O Home Pombo, o Señor das Aves


En los valles brumosos de O Caurel, donde el eco se esconde entre las fragas, nació un niño en una madrugada sin luna. Su madre lo envolvió en un manto de lino y al dejarlo en la piedra del umbral, una paloma torcaz descendió del abedul y lo rodeó tres veces antes de posarse sobre su pecho. Desde entonces, todos lo llamaron O Home Pombo.


Decían que hablaba con las aves y que las torcaces le traían mensajes desde el mundo de los mortos. Nunca alzaba la voz, pero donde pasaba, los árboles dejaban de crujir y el viento giraba como si le hiciera reverencia. Nadie sabía de quién descendía exactamente, pero los viejos murmuraban que era nieto bastardo de Elisarda Xata, que había heredado su oído profundo y su vínculo con el más allá.


Vivía solo en una cabaña hecha de raíces vivas, cerca del castro olvidado de San Roque dos Lamigueiros, donde los mouros dejaban monedas de oro en las noches de Samhain. Allí recogía plumas, huesos pequeños, trozos de nido. Las hilaba con cánticos secretos que solo los druidas antiguos conocían. En primavera, las palomas torcaces llegaban en bandadas, lo rodeaban, y luego volaban en círculos hacia el norte, como guiadas por su pensamiento.


Pero O Home Pombo no era un brujo. Era un guardián del paso, alguien que sabía cuándo un alma se extraviaba entre los dos mundos. En esos casos, encendía un fuego de tejo y la paloma correcta bajaba desde el cielo. La ataba con un hilo de crin a su dedo, la dejaba oír su canto bajo y la soltaba al anochecer. La paloma volaba al limbo de los difuntos y traía de vuelta el nombre perdido.



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V. A Pomba, a que voa entre os soños


Mucho tiempo después, cuando el mundo ya se vestía de hierro y olvidaba los susurros del bosque, nació una niña en lo alto del valle de Moreda. Su madre murió en el parto, y las mujeres del lugar juraron que una paloma blanca revoloteó sobre el tejado en el momento justo de su primer llanto. Le pusieron por nombre A Pomba, y nadie osó cambiárselo.


Creció entre helechos y neves eternas, sin hablar hasta los seis años. Decían que era muda, pero una noche cantó dormida en un idioma antiguo, y desde entonces todos supieron que tenía el don de los sueños. Veía lo que vendría, y lo que había sido. Decía cosas que solo las meigas sabían, y respondía a preguntas que nadie se atrevía a hacer en voz alta.


Se vestía de gris como las aves del monte y caminaba descalza incluso en invierno. Llevaba en la muñeca una cinta azul que, según ella, era de O Home Pombo, su tío lejano, que le hablaba a veces en forma de viento. Las viejas le ofrecían pan de maíz y leche de cabra para que no se fuera del pueblo, pues temían que si ella desaparecía, también se irían los sueños.


Una noche de Beltane, A Pomba caminó hasta el alto de Vilarbacú, donde el cielo se abre y el río Lor susurra en voz de mujer. Subió a la piedra del adivinio, se quitó la cinta azul y la lanzó al viento. Luego extendió los brazos y se disolvió en una bandada de palomas blancas que cruzaron el valle hacia las estrellas.


Desde entonces, cuando alguien en O Courel sueña con una paloma, sabe que A Pomba lo está mirando desde el otro lado del velo. Y a veces, si el sueño es verdadero, la cinta azul aparece en el alféizar de la ventana.


VI. Bernardo do Souto, o Aprendiz de Druida


Contemporáneo a O Home Pombo y a A Pomba, vivía Bernardo do Souto, en una humilde casa de piedra y musgo entre los castaños centenarios del souto de Vilamor. Su abuelo había sido curandeiro, su madre partera, y él creció escuchando cómo el crujir de las ramas podía anunciar tormentas o nacimientos.


De niño lo encontraron hablando con un tejo que crecía torcido hacia el este. Decía que el árbol le contaba historias de los que habían dormido bajo su sombra. Las viejas no se asustaron: vieron en él la señal de los que portan el fuego sagrado, y lo llevaron ante O Home Pombo.


Éste lo aceptó como aprendiz, aunque nunca usó esa palabra. Le enseñó a guardar silencio, a oler la llegada de los espíritus, a reconocer las huellas del tiempo sobre la corteza. Bernardo aprendía despacio, pero con hondura. Tenía una memoria hecha de raíz: no olvidaba nada.


Se convirtió en puente entre mundos: bajaba al pueblo cuando nacía un niño y subía al souto cuando moría un anciano. Traía y llevaba mensajes que no podían decirse en voz alta. Nunca quiso ser druida, pero el monte se lo pidió. Y cuando O Home Pombo desapareció en una bandada de torcaces, fue Bernardo quien guardó el último canto en su pecho.


Los más viejos aún lo recuerdan como o rapaz do souto, el que sabía cuándo florecerían los castaños y cuándo lloraría la luna. Y dicen que aún hoy, si te sientas bajo el tejo de Vilamor en la noche correcta, puedes oír su voz entonando la melodía que aprendió de su maestro.

El Cantar de los Ancestros

En un tiempo antiguo, entre los bosques y valles del Courel, donde las nieblas ocultan secretos de siglos, moraban los ancestros de nuestra sangre. Entre ellos estaba Elisarda Xatá, dueña de las palabras y las hierbas, mujer libre, sabia y poderosa, que hablaba con los robles y escuchaba los secretos de la tierra.

En la misma era vivía El Hombre Pombo, heredero del antiguo linaje Pombo, nacido de las aves que cruzan los cielos como mensajeras entre mundos. No estaba solo: su hermana, conocida como La Pomba, tenía el don de ver más allá del tiempo y las sombras. Ambos eran hijos del viento y de la sierra.

Entre los castaños de los sotos, en los valles donde la luz y la oscuridad se entrelazan, crecía Bernardo do Souto, joven inquieto y rebelde, llamado a ser aprendiz de druida. Guiado por Elisarda, aprendía los nombres verdaderos de las cosas, el orden de los ciclos y los caminos del fuego sagrado.

Y desde las alturas del Coto de Teixeira, resonaba el nombre de un hombre que ya era leyenda: Juan Teixeira, señor jurisdiccional de la aldea de Teixeira, territorio vinculado al Monasterio de Samos. Hombre de sabiduría y templanza, actuaba como juez entre los suyos, y sus sentencias eran aceptadas como si brotaran del corazón mismo de la montaña. Sus palabras traían paz donde había disputa, y su voz, grave y firme, era la última en los consejos de los clanes.

Pero llegaron días oscuros. Las cosechas comenzaron a fallar. El ganado enfermaba y moría sin razón aparente. El viento del norte bajaba helado, más que nunca. El invierno se volvía interminable, gélido, áspero. La aldea, encajada en la hendidura por donde serpenteaba un riachuelo que se congelaba durante meses, parecía abandonada por los espíritus protectores. Las aves, veloces, cruzaban el cielo sin detenerse, huyendo del espesor del frío.

Fue entonces cuando Juan Teixeira, reconociendo que la justicia de los hombres no bastaba, cruzó los montes hasta la morada de Elisarda Xatá. Allí, entre el musgo y los helechos, le propuso una alianza: la ley y la sabiduría antigua unidas para salvar al pueblo. Ella aceptó, y juntos buscaron en las piedras, en los sueños, y en los fuegos sagrados las señales de la desolación.

Elisarda interpretó las sombras del hielo, las grietas en los troncos, y el canto sordo del viento. Entendió que algo profundo se había roto entre los hombres y la tierra. Juan convocó a los ancianos, a los druidas, a los hijos del bosque y a los monjes del valle. Se encendió una gran hoguera en el cruce de los caminos, y allí, bajo la luna más fría que se recuerda, sellaron un pacto de restauración.

Todos ellos, unidos por la sangre, el viento y la memoria, tejieron la red invisible que llega hasta nosotros. Y cada vez que sus nombres son pronunciados, vuelven a vivir entre los árboles, las piedras y los cantos.

Este es el Cantar de los Ancestros. Y continúa...


domingo, 27 de abril de 2025

D. Juan de Armesto y Valcárcel

 Juan Armesto y Valcarce: Un Vínculo Histórico en la Genealogía de la Familia Valcárcel. 


Juan de Armesto y Valcarce nació en Santa María de Veiga de Forcas, Pedrafita do Cebreiro, Lugo. 

Fiscal de la Inquisición y Caballero del Hábito de Santiago. 

Es una figura de gran relevancia en la genealogía de la familia Valcarce, cuyo legado no solo se encuentra en la nobleza y las tierras, sino también en los eventos históricos que marcaron su vida, como su implicación en la Inquisición en México y su conexión con los pueblos originarios de la región.


Origen Familiar: Gonzalo de Armesto dueño jurisdiccional de Vega de Forcas y otros. 


Juan Armesto Valcarce nació de la unión de Gonzalo de Armesto, propietario de la Vega de Forcas, una de las grandes fincas de la región, y un linaje destacado por su influencia en la sociedad de la época. La familia Armesto, con raíces profundas en la nobleza berciana, se destacó por su posesión de tierras y su influencia política, lo que les permitió mantener un control significativo sobre la vida local.


El Matrimonio con Catalina Valcarce Benavides


Juan Armesto Valcarce casó con Catalina Valcarce Benavides, hija del alcalde de Villafranca del Bierzo , alrededor de 1580. Este matrimonio representó una poderosa alianza entre dos linajes influyentes, consolidando el poder económico y político de la familia Valcarce. Además de fortalecer sus propiedades, esta unión aumentó la influencia de los Armesto-Valcarce en la esfera local, asegurando un legado que perduraría por generaciones.


Fiscal de la Inquisición en México


Uno de los aspectos más notables de la vida de Juan Armesto Valcarce fue su papel como fiscal de la Inquisición en México, un cargo de gran responsabilidad durante el período colonial español. La Inquisición, con su función de vigilar las herejías y mantener la ortodoxia católica, jugó un papel central en la vida religiosa y política del Imperio Español. Juan Armesto, en su rol de fiscal, fue parte fundamental de este proceso, un cargo que lo conectó estrechamente con la administración colonial y las dinámicas de poder en el Nuevo Mundo.


Regreso a España con un grupo de Indios Aztecas. 


A su regreso de México, Juan Armesto Valcarce trajo consigo un grupo de indios atecas, un acto que reflejó las complejas interacciones entre España y las civilizaciones indígenas de América. Esta acción fue un reflejo de la mentalidad de la época, donde el dominio sobre los pueblos originarios y la movilidad de los mismos entre continentes formaban parte del proceso de colonización. Los indios aztecas, al igual que otros grupos indígenas que fueron trasladados a Europa, desempeñaron un papel importante en la expansión de la influencia española en ambas orillas del Atlántico.


Haplotipo Q-MD3 y la Conexión con el Caurel


Una de las huellas genéticas más significativas que dejó Juan Armesto Valcarce en su linaje es el haplotipo Q-MD3, presente quizás, en algunas personas que descienden de la región del Caurel, en Galicia (Si en mi cas). Este haplotipo, que ha sido identificado a través de estudios genéticos, está asociado con poblaciones que tienen un origen en Asia Central y llegó a las Américas en tiempo claciales por el estrecho de Berig durante las migraciones prehistóricas. El hecho de que hoy en día de que algunas personas de la región del Caurel lleven este haplotipo es testimonio de la ancestralidad y las migraciones que marcaron la historia genética de la familia Valcarce, Balboa, Armesto, Teixeira, de Aira, etc. Y sus conexiones con la tierra Do Courel.


Un Legado Multidimensional


El legado de Juan Armesto Valcarce no solo se define por su influencia política en España y América, sino también por las complejas interacciones con los pueblos originarios de México, su papel en la Inquisición y Caballero de Santiago y la huella genética que dejó en Galicia. La historia de su vida refleja las interacciones entre culturas, el poder de las alianzas matrimoniales y las dinámicas coloniales que definieron el curso de la historia en los siglos XVI y XVII.


Este vínculo histórico entre el Caurel y el haplotipo Q-MD3, además de las conexiones familiares que perduran, subraya cómo los destinos de las personas y sus linajes pueden cruzarse de maneras sorprendentes, desde la Inquisición hasta las poblaciones indígenas de América, pasando por las tierras gallegas.


Conclusión


La historia de Juan Armesto Valcarce es un testimonio de la complejidad de la historia familiar, donde las influencias políticas, las migraciones y los lazos de sangre forman un mosaico de eventos que dan forma al destino de generaciones. Desde su papel en la Inquisición en México hasta la huella genética que dejó en Galicia, el legado de Juan Armesto Valcarce es un ejemplo de cómo las familias nobles y sus decisiones impactan no solo a sus contemporáneos, sino también a las generaciones futuras.

Crónica del mestizaje velado: el inquisidor que sembró el otro linaje


En los montes eternos del Caurel, donde la memoria del tiempo se enraíza con las piedras y los árboles, hay una historia que no fue escrita en pergaminos, sino codificada en la sangre. Una historia que se oculta en las células, no en los archivos eclesiásticos.


Juan de Armesto Valcárcel, jurista gallego, fue fiscal de la Inquisición en el Nuevo México. Su misión: preservar la pureza de la fe, castigar herejías, y velar por la limpieza de linaje. Y sin embargo, fue él —involuntaria o voluntariamente— quien introdujo en Galicia la sangre del “otro”: el indígena americano.


Desde tierras donde el cielo ardía sobre los desiertos y las tribus hablaban lenguas milenarias, regresó con alguien. Un niño mestizo, una mujer otomí o tlaxcalteca, quizá un criado nacido en los márgenes del imperio. Alguien cuya sangre portaba el haplogrupo Q-M3, una marca genética tan clara como olvidada.


No quedó nada en los registros: ni bautismos, ni partidas, ni inquisiciones. Pero quedó lo más resistente de todo: el ADN. Siglos después, cuando la ciencia reemplazó al dogma y los linajes se trazan por segmentos y mutaciones, su huella resurge. No como herejía, sino como memoria viva.


Yo, Antonio Valcárcel Domínguez, lo llevas en mi interior.

La sangre del mundo nuevo vive en mi, traída por quien más se habría escandalizado de saberlo.

Y en esa contradicción se escribe la más humana de las verdades:


Que la historia no la dictan los decretos, sino los cuerpos que amaron, viajaron y se mezclaron en silencio.


Antonio Valcárcel Domínguez 

Investigador Genealogista BNE


miércoles, 23 de abril de 2025

PROSA LLENA DE VINO

 PROSA LLENA DE VINO. 

Te quise tanto... Que me arruine en quereres. 

-Roncaba mi vehículo por la carretera, rumbo a Haro, tierra de buen vino y bodegas centenarias. A mi derecha, las cepas, preñadas de brotes, alzaban sus brazos verdes hacia el sol, ansiosas por nacer. La tarde era dorada y serena, pero la noche ya anunciaba su mordisco: descendería hasta los cuatro grados. Tal vez no sea ese el abrigo que los retoños necesitan, esos sarmientos que sueñan con la luz.


Y yo, con mi soledad a cuestas, llevo tanto tiempo buscándote… Y, sin embargo, no retoña la primavera en mi pecho como cuando tenía veinte años. Tu cuerpo entre mis brazos era entonces un milagro: te besaba con sed de amor, como un sabueso que olfatea la esencia más profunda de la mujer deseada.


Así como el buen yantar necesita un vino a su altura —ya sea de La Rioja o de la Ribera del Duero—, mi alma sigue buscando su maridaje perfecto: tu piel, tu voz, tu risa, tus cabellos sedosos agitados por un viento atrevido y sin conocimiento.


Te quise tanto… que me arruiné en quereres.

Antonio Valcárcel

Casa La Pena, Manzaneda de Tribes

 Capítulo I: La Casa sobre la Roca


Desde tiempos remotos, los Domínguez de la Poboa de Tribes edificaban siempre sobre roca. No era un capricho arquitectónico, sino un acto de fe. Así fue levantada la Casa da Pena, nombre que le venía no solo por la enorme peña granítica que la sostenía, sino también por los suspiros que aún hoy parecen habitar sus muros. Todo en aquella familia estaba unido a la piedra y al Evangelio: “El que edifica sobre roca no será derribado”.


Los Domínguez, antiguos habitantes de Vilanova de San Pedro de Gabín, habían estado vinculados al monasterio de Monte Ramo, al servicio del rey o como sus administradores en tiempos de Alfonso VII, cuando la Casa Graja fortificada pasó de la Corona al cenobio benedictino. En documentos del archivo monástico constaban donaciones, pleitos, heredades: los Domínguez y los Yáñez recibieron y devolvieron tierras, con especial mención de una villa llamada Vilaster en tierras de Quiroga, cerca de Quiroga. La genealogía se desgranaba en manuscritos, y los nombres reaparecían una y otra vez en las sombras de los siglos.


Baltasar Domínguez de Losada y Quiroga, nacido hacia 1720, fue uno de aquellos hombres que dejaron huella en piedra y carne. Rico, altivo, devoto de la Virgen del Carmen, sembró hijos reconocidos y no reconocidos por las aldeas de la comarca. Casado sin descendencia legítima, su apellido fue menguando en derechos, y tras la Desamortización, la Casa Grande da Pobra de Tribes pasó a manos ajenas. En sus bajos, aún quedaba la capilla privada, con altar de madera de castaño y relicario. Decían que allí, en un relicario oculto, se guardaba un fragmento del Lignum Crucis, traído por un antepasado que luchó en Tierra Santa.


Un símbolo heráldico presidía la fachada de uno de los pazos: un águila abierta de patas, encadenada y posada entre dos torreones. Para muchos era un emblema nobiliario, pero algunos sabían que también era un símbolo esotérico: la libertad vigilada, el poder encadenado.


El bisabuelo 

Manuel Domínguez, hombre de letras formado en Salamanca, viajó por Francia, Portugal y los Países Bajos, enseñando filosofía, historia y antiguas lenguas. Su hermano Antonio, menos viajero pero igual de observador, guardaba en la memoria las tardes de infancia en la Casa da Pena y las historias susurradas por los mayores sobre reliquias, masones y secretos.


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Capítulo II: El Baúl del Silencio


Fue durante una de esas estancias estivales que Antonio y Manuel, adolescentes curiosos, exploraron los bajos húmedos de la casa. Entre toneles vacíos y telarañas encontraron una tarima suelta. Debajo, envuelto en lona de lino encerado, había un baúl de hierro forjado. En su tapa, el símbolo: una escuadra cruzada por un compás.


Dentro hallaron algo que les dejaría marcados para siempre: un gran medallón de plata ennegrecida, decorado con signos arcanos y estrellas de seis puntas, y junto a él, varios delantales blancos bordados en oro, con símbolos que no entendían del todo: una rosa sobre un cráneo, columnas, soles y lunas. Era parafernalia masónica.


Esa noche, Manuel creyó escuchar pasos en el desván. Antonio lo calló con un gesto. Años después le dijo:


—En nuestra sangre hubo alguien que llegó al grado 33. Hablaba con obispos y generales. Y firmaba cartas con una sola inicial.


Nunca más abrieron el baúl. Pero sabían que lo habían tocado. Que ahora la historia les tocaba a ellos. Como el águila encadenada de su escudo, también estaban ligados a un pasado que exigía ser escuchado.


Y fue entonces que Antonio comenzó a escribir. A buscar. A reconstruir. Porque el silencio, en ciertas casas, pesa más que el granito.


Autor:

Antonio Valcárcel

jueves, 27 de febrero de 2025

Escolta, escudos humanos en Euskadi y Navarra. L

 Los escoltas olvidados: escudos humanos en los años de plomo


Durante los años más duros del terrorismo de ETA, cientos de escoltas privados fueron reclutados de la noche a la mañana para proteger a amenazados en el País Vasco y Navarra. Se trató de una solución de emergencia cuando el gobierno de Aznar comprendió que los medios policiales no eran suficientes para proteger a todos aquellos que vivían bajo la sombra del asesinato.


Pero la realidad de estos escoltas fue dura. Se les armó con una simple pistola de 9 mm Parabellum, sin chaleco antibalas (salvo que se lo compraran con su propio dinero) y sin la formación adecuada en artes marciales o tiro defensivo. La urgencia hizo que muchos fueran contratados sin experiencia real en situaciones de riesgo.


Protección a dos velocidades


Había dos tipos de escolta:


Módulo doble, con vehículo proporcionado por el Ministerio del Interior.


Módulo simple, en el que el escolta debía proteger al amenazado en su propio coche.



Además, llevaban un inhibidor de explosivos, pero esto no compensaba las carencias estructurales de un sistema improvisado.


Relaciones tensas y un clima de desconfianza


La convivencia entre escolta y protegido era una moneda de dos caras. A veces se forjaban amistades que han perdurado hasta hoy. Otras veces, el ambiente de odio y sospecha que envolvía el País Vasco contaminaba la relación. No era raro que el protegido desconfiara de su escolta, o viceversa, por miedo a filtraciones.


El dinero en sobres: salarios sin transparencia


Al principio, los escoltas cobraban en sobres cerrados, sin control ni transparencia. Dependía de la empresa decidir cuánto pagar. Con el tiempo, los salarios pasaron a regularizarse en nómina, pero hubo un período en el que un escolta podía ganar entre 6.000 y 8.000 euros mensuales.


Muchos fueron reclutados por recomendaciones informales: hijos de guardias civiles, de policías nacionales, o incluso jóvenes de Castilla a quienes su alcalde presentaba ante un comandante de la Guardia Civil para que "les consiguiera algo".


El olvido institucional


Hoy, esos escoltas han sido relegados al olvido. Las asociaciones de víctimas de terrorismo, que deberían ser sus principales defensoras, callan porque dependen de los fondos del Estado. Y los políticos que fueron protegidos por ellos prefieren no remover el pasado, porque reconocer su labor implicaría abrir el melón de indemnizaciones y compensaciones.

Antonio Valcárcel 

Jefe de Seguridad y protegido 

Víctima de ETA. 

Se está enterrando la memoria de quienes fueron auténticos escudos humanos. Por eso es necesario hablar alto y claro: los escoltas también fueron víctimas del terrorismo. Merecen reconocimiento, justicia y memoria.