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domingo, 18 de marzo de 2018

Obispo belga su Eminencia Van Roei que llegó a ser Cardenal. Estuvo implicado en la atención para acoger a los niños evacuados de la Guerra Civil en Euskadi. Antonio Valcárcel Domínguez

Día del Padre. En tu recuerdo, viejo
Te recuerdo, padre, vestido de minero:
mono verde y botas hasta la rodilla, manchadas de arcilla.
Eras minero de cerchas de contención de madera,
carpintero de mina.
Una madrugada, cuando el alba aún no había rasgado el día,
con barba de cinco días, llamaste a la puerta de la casa de la tía Juanita,
en tu Arboleda natal, preguntando por mí.
Yo dormía.
La tía —tu hermana— me despertó.
Tú estabas en el umbral, casi rozando con la cabeza
el marco horizontal de la puerta.
Me cogiste entre tus poderosos brazos y me besaste.
Sentí cómo tu barba sin afeitar se clavaba como pequeños clavos
en mi piel fina de niño,
y juro que en aquel instante
sentí todo tu amor
precipitándose dentro de mi corazón.
Tus botas estaban manchadas de un barro arcilloso,
con tonos rojizos del mineral de hierro,
de la pirita.
Hoy, 19 de marzo de 2018, Día del Padre,
evoco ese recuerdo desde la mirada de aquel niño
de apenas tres años.
Tú también fuiste niño.
Un niño evacuado por el miedo y por la ley de los represaliados del franquismo,
un día gris y plomizo, el 10 de enero de 1939.
Con solo siete años fuiste exiliado,
bajo la supervisión del Gobierno Vasco en el exilio
y del obispo belga Van Roey,
que más tarde llegaría a ser cardenal.
Sus archivos —repletos de listados de niños y niñas—
se pudren hoy en el Archivo del Arzobispado de Malinas
(Aartsbisdom Mechelen),
cuatro cajas que esconden muchas vergüenzas
que no interesa que salgan a la luz.

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Fuiste víctima de una guerra civil ya terminada,
represaliado por la razón —o sin ella—
del idealismo de tu hermano mayor, Juanito,
que se alistó en el Batallón Pablo Iglesias.
Hoy quiero dedicarte, con memoria y corazón,
el sufrimiento heredado de aquella guerra fratricida y golpista
contra una democracia incipiente,
un dolor que seguimos arrastrando hijos y nietos,
y que deseo termine con los bisnietos.
Porque te comunico, padre,
que desde el 3 de enero de este año
eres bisabuelo de un niño muy especial,
un niño que está uniendo a la familia.
Te quise en tu enfermedad,
con el corazón encogido por tantos recuerdos.
Quiero compartirlos porque, para mí,
fuiste mi héroe.
Un héroe con botas de goma,
con buzo de trabajo color verde esperanza,
carpintero en una mina belga:
la Orconera Iron Ore Company Limited.
Qué ironía cruel y perfecta:
en tu niñez fuiste acogido por padres belgas;
en tu madurez, explotado como minero
por una compañía minera belga.
En esa mina trabajamos todos tus hijos,
a excepción de Laura,
que lo hizo en Harino Panadera S.A.,
como representante sindical,
ocupando la Secretaría de Formación de UGT,
junto a sobrinos, hermanos,
familia entera ligada al mismo hierro.
Hoy te recuerdo
con lágrimas en los ojos.
Antonio Valcárcel Domínguez
Mazaira

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