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miércoles, 24 de diciembre de 2025

ACONTECIÓ EN CUBA

Solo en Cuba, a lo largo de ciertos tramos de carretera, pueden avistarse unas flores caribeñas. No brotan de la tierra fértil, sino del asfalto ardiente, de la cruda necesidad. Son mujeres, dispuestas a satisfacer los anhelos de escuderos y caballeros andantes, quienes las buscan en sus ruidosos vehículos de alquiler. Con divisa extranjera, compran un amor adulterado, efímero, sin arraigo. A estas efímeras flores del arcén se las conoce como jineteras. ¡Pero ten cuidado, puedes caer rendido a sus encantos!"

Antonio Valcárcel
Esctitor-poeta

martes, 16 de diciembre de 2025

Yo, Y LA JINETERA

YO, Y LA JINETERA

La tierra que se abre: memoria, sueño y cimiento
Tenía entre doce y quince años cuando aquel sueño comenzó a repetirse. Yo corría. No caminaba: corría. Y, a medida que mis pies golpeaban el suelo, la tierra se levantaba, se abría, y de ella emergían los muertos. No tenían nombre ni rostro preciso, pero su presencia era inequívoca. El terror era tan intenso que siempre despertaba antes de poder detenerme.
Durante años pensé que aquel sueño era solo eso: una imagen infantil, una pesadilla sin más. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que no había desaparecido; simplemente había quedado en suspenso, aguardando una forma.
Muchos años después, cuando comencé a investigar mi genealogía familiar, el sueño regresó, pero transformado. Ya no corría. Me sentaba durante horas ante libros parroquiales, actas amarillentas, nombres escritos con tinta antigua. Y lo que antes me producía terror empezó a darme paz. Encontrar un nombre, un apellido, una fecha, era como devolver consistencia a algo que había permanecido flotando en la nada. Aquello que emergía sin forma en el sueño ahora encontraba lugar.
Recuerdo con especial claridad una visita a la iglesia de San Pedro de Gabín. Llevaba conmigo un permiso del obispado que me autorizaba a consultar los libros y extraer información para mi árbol familiar. El sacerdote, Juan Conde Conde —recuerdo bien sus dos apellidos—, me acompañó hasta el templo y abrió la puerta. Dentro, las losas de piedra eran grandes, profundas, pesadas. Observándolas, le dije que, según los datos que había podido contrastar, en alguna de aquellas losas próximas al altar mayor reposaba mi tercer abuelo. El sacerdote me respondió que no tenía constancia, pues llevaba pocos años destinado allí, pero que probablemente tuviera razón.
Salimos al exterior para recorrer el perímetro de la iglesia. Aquello había sido un antiguo cementerio. Las tumbas estaban deterioradas, descuidadas, y el suelo, al pisarlo, cedía ligeramente y chirriaba. Entonces, de manera casi instintiva, empujé la tierra con el pie derecho, como quien golpea suavemente un balón. De inmediato salieron fragmentos de hueso.
Sentí una corriente que me recorrió desde el suelo hasta la cabeza, como una descarga silenciosa. No fue miedo. Fue conciencia. En el sueño, los muertos se levantaban al paso de mi carrera; allí, en Gabín, era yo quien estaba de pie sobre ellos. Ya no emergían para perseguirme. Eran ellos quienes sostenían el suelo que pisaba.
Aquel episodio se enlazó más tarde con una conversación mantenida en La Habana. Un familiar me habló de seis pastillas de jabón enterradas en el cementerio judío, objetos asociados simbólicamente al Holocausto, sepultados porque no había cuerpos que enterrar. No importaba tanto la certeza material como el gesto humano: dar sepultura a lo que había sido despojado incluso de la condición de cuerpo.
Comprendí entonces que el hilo que atravesaba el sueño, la genealogía, Gabín y La Habana no era la muerte, sino la fragilidad de lo humano. Lo efímeros que somos y, al mismo tiempo, la necesidad profunda de cimentar esa fragilidad, de darle base, peso y continuidad. No para glorificar el pasado, sino para que lo humano no se disuelva sin dejar rastro.
El sueño no anunciaba un destino. Revelaba una tarea. Donde antes había tierra que se abría y terror, hoy hay nombres, lugares y memoria. Ya no corro. Camino. Y, al hacerlo, la tierra no se levanta: sostiene.

Autor: Antonio Valcárcel Domínguez

domingo, 14 de diciembre de 2025

SANTUARIO DE SANTA MARIA LA REAL PEDRAFITA DO CEBREIRO.

PEDRAFITA DO CEBREIRO: un privilegio colectivo de servicio en el Camino de Santiago
El Milagro del Cebreiro y su comparación con los solares de Valdeosera y Tejada

El Milagro Eucarístico del Cebreiro, acontecido en la iglesia de Santa María do Cebreiro, constituye uno de los episodios religiosos más significativos de la Galicia medieval y del propio Camino de Santiago. Según la tradición, durante la celebración de la misa se produjo la transmutación de la hostia y del vino en carne y sangre de Cristo, hecho presenciado por un peregrino que, pese a la dureza del invierno, acudió al templo.
La difusión del milagro se extendió rápidamente de boca en boca a lo largo del Camino de Santiago, convirtiendo al Cebreiro en un centro espiritual de primer orden. Su importancia llegó también a la Corte, y los Reyes Católicos, en particular Isabel I de Castilla, reconocieron el valor religioso y estratégico del lugar, confirmando la protección del santuario y de las personas que garantizaban su funcionamiento.
Los habitantes de Pedrafita do Cebreiro asumieron durante siglos una función esencial: mantener abierto el paso durante todo el año, limpiar la nieve en los meses más duros, auxiliar a peregrinos pobres, enfermos o extraviados y colaborar con el hospital y con el culto. Esta labor no era ocasional ni voluntaria, sino permanente y obligatoria, realizada en beneficio del Reino y de la Cristiandad.
Como consecuencia de este servicio continuado, la población gozó de exenciones fiscales y de un estatus jurídico diferenciado, reconocido por la Corona. No se trataba de una hidalguía individual ni universal, sino de un privilegio colectivo y territorial, ligado directamente al ejercicio de una función fundacional.
Desde una perspectiva jurídica e histórica, este régimen recuerda, por su espíritu, a los diviseros hijosdalgo de solares colectivos como Valdeosera o el Solar de Tejada, en La Rioja. En estos casos, el privilegio se basaba en la antigüedad del solar y en la herencia por sangre; en el Cebreiro, por el contrario, el derecho diferenciador se fundamentaba en el servicio continuo a la comunidad y al Camino de Santiago.
Pedrafita do Cebreiro puede definirse así como una auténtica comunidad de nobleza de servicio, no sustentada en el linaje, sino en la hospitalidad, el sacrificio y la continuidad de una misión esencial para la movilidad, la espiritualidad y la cohesión de la Europa medieval.
Este modelo, excepcional en Galicia, explica la pervivencia de la memoria histórica del Cebreiro y el reconocimiento institucional que sus habitantes recibieron a lo largo de los siglos, situando este enclave no solo como un lugar de devoción, sino también como un ejemplo singular de organización social y jurídica del Antiguo Régimen.

Autor: Antonio Valcárcel Domínguez

jueves, 11 de diciembre de 2025

FORTALEZA DE LA GRANJA Benedictino de San Pedro de Gabín, Ourense.

Antigua granja de Vilanova de San Pedro de Gabín, perteneciente al monasterio benedictino de Montederramo. En su origen fue una fortaleza completa: muros gruesos, torreones y una estructura claramente defensiva.
Las reformas realizadas hace apenas 50, 60 o 70 años modificaron parcialmente su apariencia medieval, pero la configuración original era la de una auténtica fortificación monástica destinada a proteger cosechas, bienes y ganado en tiempos inseguros.

De esta casa-granja procede una figura histórica destacada: el jesuita y farmacéutico Dionisio Benito Mojón Domínguez (también conocido como Benito Mojón Domínguez) El Espasa- Calpe Indica é Nacio En Villarejo de Fuentes, se trata de falsedad documental en acta de bautismo. Fu expulsado en tiempos de Carlos III junto a la Compañía de Jesús. Gran erudito de la farmacología, fue profesor en la Universidad de Génova y autor de un importante tratado sobre plantas medicinales: ydonde publicó su obra Pharmacopeia Manualis Reformata, un tratado de referencia sobre plantas medicinales y sus aplicaciones farmacológicas. 
De este lugar también proceden muchos de mis ancestros gallegos: los Castro, Valcarce, Domínguez, Yáñez, Fernández, Gómez, MOJÓN, Cardoso, Fessmosa, Alessandri… Familias profundamente arraigadas en esta tierra y en la historia viva de Galicia.

Antonio Valcárcel
Investigador Genealogista BNE.