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miércoles, 12 de octubre de 2022

Taller de Escritura Creativa con Carmen y Gervasio Posadas.

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AÑORANZAS – Antonio Valcarcel



AÑORANZAS
Antonio Valcárcel Domínguez

Me llamo Juan Quiroga, tengo treinta y siete años y ya me siento cansado de tanto andar por el monte en busca del ganado, que muchas veces, mientras pasta, se adentra en otras zonas que son competencia del Monasterio de Samos. Aunque los monjes siempre fueron los señores feudales de la aldea, esta había sido donada a mi antepasado don Juan Valcárcel Teixeira, que ejercía como señor jurisdiccional de estas tierras. Aun así, tales comportamientos del ganado siguen incomodándoles.
Nací en Lugo, en las montañas altas de los Ancares, que dividen Galicia de León. La tierra aquí es pobre y difícil de cultivar debido a su orografía. Seis jóvenes de mi aldea emigraron al norte, al País Vasco, donde se habla otra lengua y donde existen grandes ferrerías y fábricas que transforman el mineral de pirita en hierro extraído de numerosas minas.
Ayer recibí una carta de Joaquín Armesto, en la que me decía que había hablado con el capataz de las minas y que me reservaban un puesto como caballista de arrastre de vagonetas, que circulan por un raíl cargadas de piedra de hierro, para luego ser fundidas en los altos hornos y convertidas en coladas de lingotes. No soy letrado; por ello, la carta me la leyó el señor cura. Pasé la noche soñando con esa nueva tierra que Joaquín describía. Aunque me entristece dejar mi aldea, creo que comenzaré a preparar mis cosas —que son pocas— y partiré a trabajar a aquellas tierras.
Una frase se imprime en mi mente: Tristes son los tiempos pretéritos cuyos recuerdos hieren el alma. La evoco ahora desde la memoria de un hombre que ha pasado toda su vida cultivando la tierra y cuidando el ganado, y que deja atrás a su padre y a su madre, ya ancianos, junto a mi hermano Antonio, de apenas dieciocho años.
Con la experiencia que brinda la edad, con los riñones cansados y el alma llena de morriña, rebusco en los recovecos de la memoria, invocando al subconsciente para que afloren los recuerdos grabados a fuego en algún lugar de la mente. Como arcilla húmeda intento moldear a los personajes de aquel pasado, que van tomando forma dentro de la creación de mis manos y dejando huella, incluso en la piedra, como los canteros.
Desconozco a los personajes que encontraré. En mi mente los voy dotando de cuerpo, mente y alma; debo darles vida, investirlos de personalidad, con perfiles físicos y psicológicos. Será una vida calamitosa, pues en las minas se muere por enfermedades y accidentes diversos: las pegas que explosionan a destiempo hacen volar grandes piedras arrancadas de las vetas de hierro.
De niño, en aquella pequeña aldea de Teixeira, crecí entre naturaleza viva: calizas pétreas para firme edificación, vetas de hierro, terrazas ganadas a la montaña y convertidas en pequeños huertos; el sonido de los cencerros, el viento golpeando la contraventana y, sobre

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todo, el ulular del aire, creando una sinfonía de flauta de pastor. Improvisábamos instrumentos musicales y, con un poco de oído, componíamos esa melodía de la naturaleza, que surcaba sotos, prados y macizos rocosos llenos de venas de pirita hasta rasgarse en tonos agudos en la cresta del Pico do Poio.
Recuerdo a los zorros, que mi abuela llamaba raposos, asaltando el gallinero con sigilo, dejando a las gallinas desangradas. Aquello me sirvió más tarde para reconocer a los hombres zorros y tratarlos con cautela. También conocí a los hombres pastor, con su zurrón en bandolera, y siempre sentí simpatía por ellos. A los mineros, en cambio, les tuve respeto y temor: hombres topo que, tras arrebatar las vetas exteriores, se adentraban en laberintos subterráneos hasta perder la luz del día.
Con el tiempo comprendí que, tras una larga explotación laboral cercana a la esclavitud, lo prioritario era luchar por la dignidad. No existe libertad cuando la tiranía, la especulación y la explotación cabalgan juntas. Al saber que mis abuelos, mi padre y mis tíos formaban parte de esta estirpe, comencé a sentir al minero como algo propio, ligado por afinidad y solidaridad.
Recuerdo a las mujeres que lavaban la ropa en el lavadero comunal, donde el agua de manantial brotaba pura y cristalina. Usaban jabones hechos en casa con sosa y aceite requemado. Sin saberlo, ellas también fueron mis maestras y forjaron mi carácter.
Nuestra aldea, situada a más de mil doscientos metros de altitud, había sido construida por gallegos desde tiempos inmemoriales, hidalgos y pobres que dejaban de labrar sus tierras para acudir a las guerras cuando eran llamados. Algunos alcanzaron grados de capitán o mariscal de campo; otros no regresaron jamás.
Los recuerdos felices fueron pocos; los traumáticos, muchos. Caminé con los pies descalzos por senderos cubiertos de rosas con espinas que laceraban mi carne. No es extraño que el olor a rosas me recuerde aún al alcohol de hospital.
El hombre, en su afán de perpetuarse, consciente o inconscientemente, desea dejar huella, una marca imperecedera para que otros recorran su camino cuando él ya no esté. Todo se deja atrás, incluso la inteligencia y la experiencia. El único resarcimiento posible es el libro de la propia vida.
A la mañana siguiente tomé las escasas monedas que mi madre guardaba en un bote de zinc.
—No sé si te llegará para el tren —musitó—, pero ya sabes el camino. A los peregrinos de Santiago nunca se les negó auxilio. La justicia divina te acompañará, hijo.
—Llevo el crucifijo de la abuela Josefa —le respondí—. Es mi mejor talismán.
Mi madre habló entonces de los rezos antiguos de la abuela, de palabras sagradas tomadas de la Torá sin conocer su significado, y del libro del candelabro de siete brazos que el cura nunca vio con buenos ojos. No quise prolongar la conversación. El hierro me llamaba.

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Abracé a mis padres y a mi hermano, que habría de encargarse ahora de mis tareas en el campo.
Y así, con el cuerpo dispuesto al cansancio y el espíritu aún en vela, emprendí el camino. Nada llevaba que no fuese imprescindible: unas pocas monedas, el crucifijo heredado, la palabra antigua de mi madre y el libro invisible de todo lo vivido. Comprendí entonces que uno no abandona nunca del todo la tierra que lo vio nacer; solo la traslada consigo, como se transporta el fuego sin apagarlo. La mina me aguardaba con su oscuridad prometida, pero también con la posibilidad de una luz distinta, no la del día, sino la que se enciende cuando el hombre acepta su destino sin renunciar a la dignidad. Si alguna eternidad me estaba reservada, no sería la del recuerdo ajeno ni la del nombre grabado en piedra, sino la de haber caminado recto, aun a ciegas, sosteniendo en la mano lo poco que salva: la memoria, la fe y la conciencia. Y con eso bastaba.

 

martes, 4 de octubre de 2022

¡Siempre con la nostalgia a cuesta! De esas que no te hieren ; de esas que no te matan. Es domingo y, aquí en la costa cantábrica no escucho el trinar de un triste gorrión. No son los mismos despertares que en los campos de la estepa Extremeña de Mérida. Ni el zambullirme en las aguas del pantano de Proserpina: una diosa griega en tierras que fueron romanas; que me entregaba amor todos los veranos en lugar de las primaveras.O el despertar en En La Rioja que sin probar sus caldos de vino tinto afrutado, soy feliz con tantos trinos de jolgorio que tienen los gorriones -- entre los ramajes de los árboles--, plataneros. Les abro la fuente de latón de cuyo chorro fresco y cristalino cae el agua cantarina hasta llenar la Cocha Santiagista de hierro colado; a la vera de los fuerte muros de piedra porosa a la que el tiempo, la lluvia y el viento, la dejas orodadas.... Acompañando de las notas de las aves tristes; con sabor en el alma a melancolía, como tenores calentando su voz. Pero, lo que más compungido me queda es el pecho, con las voces de mis hijos en su tierna edad al compás de tañer de las campanas de la gran y espigada iglesia de un pueblo de Extremadura que omito para no destapar, aún más mi morriña.Y aunque mi vida la estoy acostumbrado a que mis fuertes espaldas soporten tantos avatares de medio siglo, sigo caminando y muchos días sin norte.Antonio Valcárcel Escritor en ciernes y poeta del sentimiento



 ¡Siempre con la nostalgia a cuesta! De esas que no te hieren ; de esas que no te matan. Es domingo y, aquí en la costa cantábrica no escucho el trinar de un triste gorrión. No son los mismos despertares que en los campos de la estepa Extremeña en Mérida. Ni el zambullirme en las aguas del pantano de Proserpina: una diosa griega en tierras que fueron del Trajano de Roma; que me entregaba amor todos los veranos en lugar de las primaveras.
O el despertar en En La Rioja que sin probar sus caldos de vino tinto afrutado, soy feliz con tantos trinos de jolgorio que tienen los gorriones -- entre los ramajes de los árboles--, plataneros. Les abro la fuente de latón de cuyo chorro fresco y cristalino cae el agua cantarina hasta llenar la Vieira Santiagista de hierro colado; a la vera de los fuerte muros de piedra porosa a la que el tiempo, la lluvia y el viento, la dejas horodadas.
... Acompañando de las notas de las aves tristes; con sabor en el alma a melancolía, como tenores calentando su voz. Pero, lo que más compungido me queda es el pecho, con las voces de mis hijos en su tierna edad al compás de tañer de las campanas de la gran y espigada iglesia de un pueblo de Extremadura que omito su nombre para no destapar, aún más mi morriña.
Y aunque mi vida la estoy acostumbrado a que mis fuertes espaldas soporten tantos avatares de medio siglo, sigo caminando y muchos días sin norte.
Antonio Valcárcel
Escritor en ciernes y poeta del sentimiento

sábado, 27 de junio de 2020

Trastorno por déficit de atenciones operatividad.


TRASTORNO por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), durante la pandemia de COVID-19.

Psicología.com.2020 VOL 24 Psicologia.com – ISSN: 1137-8492 Artículo editorial Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) durante la pandemia de COVID-19 Attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) during the COVID-19 pandemic Marcos Altable Pérez Neuroceuta Resumen Los niños y adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son un grupo potencialmente vulnerable a los efectos del confinamiento y la crisis de salud. La búsqueda de una buena adecuación de las respuestas del entorno familiar y escolar es una prioridad en el desarrollo de estrategias terapéuticas para el TDAH. En el contexto de la pandemia, el cese abrupto de la escolarización, el aumento del tiempo familiar impuesto por las medidas de confinamiento y la naturaleza potencial de generar ansiedad de esta crisis de salud y económica, son factores que pueden influir en la sintomatología de este colectivo. Palabras clave: TDAH, COVID-19, pandemia, Abstract Children and adolescents with attention deficit hyperactivity disorder (ADHD) are vulnerable to the effects of confinement and the health crisis. The search for a better adaptation of the family and school environment's responses is a priority in the development of therapeutic strategies for ADHD. In the context of the pandemic, the abrupt cessation of schooling, the increase in family time imposed by confinement measures, and the potential of generating anxiety from this health and economic crisis can influence this collective's symptoms. Key words: ADHD, COVID-19, pandemia Psicología.com.2020 VOL 24 Psicologia.com – ISSN: 1137-8492 Introducción Los niños y adolescentes con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son un grupo potencialmente vulnerable a los efectos del confinamiento y la crisis de salud. La búsqueda de una buena adecuación de las respuestas del entorno familiar y escolar es una prioridad en el desarrollo de estrategias terapéuticas para el TDAH. En el contexto de la pandemia, el cese abrupto de la escolarización, el aumento del tiempo familiar impuesto por las medidas de confinamiento y la naturaleza potencial de generar ansiedad de esta crisis de salud y económica, son factores que pueden influir en la sintomatología de este colectivo. En este tiempo de pandemia, se han realizado encuestas epidemiológicas a padres de niños con TDAH. El análisis de estas encuestas muestra que el bienestar de los niños durante la pandemia está relacionado, en ambos sentidos, con una disminución de la ansiedad por parte de los padres. Este resultado está muy relacionado con una reducción en las restricciones escolares. Para algunos niños, incluso hay una mejora en los síntomas de TDAH que los padres relacionan con una organización más flexible de su vida diaria y facilidades de adaptación facilitadas por el contexto: reducción de distractores, mejor disponibilidad de los padres. Otro estudio en China también ha demostrado una mejora en la concentración de niños durante las tareas al mismo tiempo que un empeoramiento de su comportamiento durante la pandemia. Puesto que la existencia de síntomas de TDAH en los hijos está bien identificada por los padres, la situación de confinamiento también parece facilitar la conciencia de los padres sobre las dificultades que sus hijos experimentan a diario. Sin embargo, y aunque la hiperactividad motora parece ser compensada en familias con condiciones de confinamiento favorables, generalmente se describe una falta de atención y desánimo frente a las actividades escolares. El principal desafío de la vida cotidiana no es el manejo de la ansiedad relacionada con COVID19 ni las limitaciones relacionadas con el confinamiento, sino la supervisión de la escolarización cuando el niño manifiesta su sufrimiento a través de actitudes de evitación y oposición. Algunos padres dan testimonio del hecho de que las mejoras escolares que existían antes de la pandemia ya no se ofrecen en el contexto de una crisis de salud. Por lo tanto, la escolarización ocupa un lugar preponderante en el discurso de los padres sobre el bienestar del niño y la familia en general. En este estado aparente de mayor bienestar (menos restricciones, mejor flexibilidad) el factor que interrumpe la relación padre-hijo (volumen de Psicología.com.2020 VOL 24 Psicologia.com – ISSN: 1137-8492 tareas escolares, actitudes de evitación) junto con los videojuegos, son la fuente inagotable de conflictos en la vida familiar cotidiana. La encuestas también destacan un grupo de niños cuya situación se deteriora durante el confinamiento, con síntomas de descontrol emocional y conductual, así como trastornos del sueño. La relación entre el trastorno del sueño y las emociones con un mayor riesgo de sufrir un trastorno de estrés postraumático ya se ha demostrado en adultos en el contexto de la pandemia de COVID-19. Para guiar al profesional en el apoyo a las familias de niños con TDAH en el contexto de la crisis de salud, un grupo de expertos europeos ha publicado una serie de pautas para la práctica diaria. Recomiendan continuar los tratamientos farmacológicos y no farmacológicos del TDAH durante el aislamiento para, además, limitar los comportamientos que pueden aumentar la propagación viral. También indican que el inicio y la modificación del tratamiento deben realizarse principalmente por telemedicina. Del mismo modo se han creado muchos recursos para los padres, incluidas tarjetas de asesoramiento familiar y un libro electrónico que sintetiza el conocimiento y las nuevas perspectivas en la atención de psiquiatría infantil y adolescente en el contexto del confinamiento. En este sentido, cabe destacar que el efecto generalmente positivo de la atención a distancia (telemedicina) respalda la necesidad de una mayor difusión de esta práctica de salud mental. Además de la mayor y más simple accesibilidad para las familias y las actividades de los niños, las teleconsultas no parecen ser menos efectivas que las consultas clásicas para controlar a este tipo de pacientes. Así, la popularización de la teleconsulta durante esta situación, así como la aparente buena aceptación por parte de los pacientes, es probable que modifique el concepto de prácticas de atención en el seguimiento de los pacientes y sus familias. Sin embargo, se necesitarán estudios adicionales para evaluar la atención a distancia de niños con TDAH. Además, se deben tomar precauciones para garantizar la confidencialidad de las consultas remotas. Los estudios realizados a través de encuestas tienen limitaciones que es importante tener en cuenta. Los datos sobre la condición del niño son descritos por los padres; así, la subjetividad de los padres podría influir en los resultados. Los padres fueron reclutados de forma voluntaria gracias a la difusión de los cuestionarios a través de las redes sociales y las asociaciones de Psicología.com.2020 VOL 24 Psicologia.com – ISSN: 1137-8492

jueves, 11 de junio de 2020

"Me da pánico salir a la calle"

MARISA ROZAS RECONOCE QUE SE LE "HA AGUDIZADO LA AGORAFOBIA A PARTIR DEL CORONAVIRUS"

11.06.2020 | 00:14
Marisa Rozas, de Basauri, lleva casi un año sin salir.
Marisa Rozas ha sufrido prácticamente de todo: la pérdida de una hija recién nacida, malos tratos, depresiones, un intento de suicidio, fibromialgia... En su historial no puede caber más sufrimiento. O sí, porque a día de hoy ni la morfina que toma le calma del todo los dolores de las articulaciones. Mucho menos los del alma. "Ha hecho ahora 32 años desde que se me murió mi niñita y una parte de mí con ella. Todas las noches salgo al balcón, miro hacia al cielo, busco la estrella que más brilla y le hablo", confiesa. Y lo hace desde el balcón porque Marisa hace casi un año que no sale de casa. "Lo justo para ir al médico, pero muy mal. Tenía que pararme, me mareaba... Llegaba reventada".
A su "miedo a no poder andar", se le sumaban otros inconvenientes. "Me molestaba el bullicio de los coches, de la gente... Era horrible. Me metía en la habitación a oscuras y me quedaba allí. No tenía ganas ni de salir ni de nada", recuerda. Y ahora, con la pandemia, muchísimo menos. "Me da pánico salir a la calle. Esto ya me pasaba antes, pero a partir del coronavirus se me ha agudizado la agorafobia", reconoce. Y eso, dice, que "apagaba la tele porque era un bucle y no quería saber nada".
Su principal temor, dado su delicado estado de salud, es infectarse. "Tengo pánico porque como tengo tantas cosas y estoy como estoy, si salgo un día por ahí y me lo contagia alguien, sería el remate. Por eso cuando sale mi hijo a la calle le digo que se ponga la mascarilla, los guantes y todo. Y yo me asomo a la terraza, tomo el aire...", cuenta. Pese al miedo a enfermar, Marisa pide "que si alguien tiene que morir", se muera ella antes, porque no puedo, no puedo", repite, bajo la sombra de sus "traumas".
Nacida en Basauri, residente en Castro, Marisa tiene reconocida, a sus 61 años, una pensión por incapacidad. Siempre ha sido "muy trabajadora", un "culo inquieto", bromea. Al tener que abandonar su empleo por sus dolencias, se le cayó el mundo encima. "He trabajado en hostelería, he cuidado a gente mayor, a un bebé... Cuando estuve en la Unidad del Dolor, en Basurto, y el doctor me dijo que no podía trabajar, me quedé hundida, con las depresiones. Me veía inútil e intenté suicidarme", se sincera.
Por suerte, sigue luchando. Si se le dice que ha tenido una "vida muy dura", resopla, como pensando: si yo te contara... Cuando "estaba un poco mejor", rememora, "iba a las terrazas de Castro, pero ahora, con todo lo que tengo, no puedo ir ni con mascarilla. Así que aquí sigo confinada", se resigna.
DUDAN DE LAS MASCARILLAS
El caso de Marisa no es una excepción. "La agorafobia es algo que probablemente, si no persistía en el cuadro clínico de los enfermos, sí que se ha producido con esto del covid", comenta Antonio Valcárcel, presidente de la Asociación para la Ayuda y Autoapoyo a los Enfermos Depresivos de Euskadi, Tubal, quien explica que el que la sufre "o no sale o si sale, acompañado, todo lo más que puede ir es al supermercado y enseguida empieza a dudar de la efectividad de la mascarilla y le empieza a dar vueltas a que no filtra bien porque el virus es más fino que los poros".
También hay, detalla, quien "se encierra en casa y piensa que el virus fue creado en un laboratorio y que quieren aniquilar a parte de la raza humana porque el planeta se está hundiendo como consecuencia de la masificación. Son esquemas que te exponen y que les llegan a obsesionar". Como la idea que le ronda la cabeza a "un enfermo bipolar" que le dijo: "Lo que no han conseguido los islamistas, lo están logrando ahora con las máscaras. Quieren que vayamos igual que ellos". O como quien cree que "esto es una guerra biológica o que el virus estará siempre al acecho. Todo les produce un miedo no muy consciente en función de la enfermedad que tengan", señala.
Convencido de que "ha habido un aumento de las tendencias suicidas porque piensan, entre otras cosas, que el mundo se acaba", Valcárcel deja constancia de los que han "sufrido un agravamiento de su enfermedad mental en casa porque los familiares tenían miedo a que se contagiaran en los hospitales" y reclama "estadísticas de cuántos se han contaminado por el covid" en los distintos centros.
"Como tengo tantas cosas, si salgo un día por ahí y me lo contagia alguien, sería el remate"
MARISA ROZAS
Padece depresión y fibromialgia
"Han aumentado las tendencias suicidas porque piensan que el mundo se acaba"
ANTONIO VALCÁRCEL
Presidente de la asociación Tubal

sábado, 11 de abril de 2020